Hay lugares de España que uno conoce de paso, pero otros, como Ceuta, marcan la memoria de quienes los exploran en profundidad. Durante mi etapa en el Ministerio de Educación y Formación Profesional, tuve la oportunidad de gestionar la Formación Profesional en Ceuta y Melilla. Esta experiencia me permitió conocer de cerca la realidad de la región, trabajar con sus profesionales y entender la singularidad de su situación. Las dificultades que enfrenta Ceuta para garantizar servicios públicos y derechos equivalentes a los de cualquier otra parte de España son alarmantes.
La presión que actualmente soporta la ciudad es motivo de preocupación, así como la inquietud de muchos ceutíes. La responsabilidad que están asumiendo nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad es monumental, y resulta desgarrador observar a seres humanos en situaciones de extrema vulnerabilidad mientras surgen discursos que alimentan el miedo y, en algunos casos, el odio. La situación que se vivió los días 30 y 31 de julio fue de una gravedad extraordinaria, con una presión inédita sobre el control fronterizo y la asistencia a quienes más lo necesitan. Ante este panorama, el Estado ha tomado medidas para reforzar recursos y coordinación, esforzándose por responder a una situación excepcional.
Es fundamental analizar lo que ha funcionado y lo que debe mejorarse. Los responsables públicos tenemos la obligación de explicar decididamente nuestras acciones y aprender de cada experiencia, sin caer en la tentación de aprovechar la coyuntura para presentar a España como un país desbordado o incapaz de defenderse. Las afirmaciones sobre un “abandonado” o una “invasión” son desproporcionadas y convierten una situación compleja en un campo de batalla político, lo que no contribuye a la necesidad urgente de unidad.
Las dificultades de Ceuta son, en última instancia, las dificultades de toda España. Su seguridad, sus fronteras y la tranquilidad de sus ciudadanos son aspectos que deben preocuparnos a todos. Defender Ceuta implica proteger a su población, a la soberanía y a nuestras fronteras; garantizar la seguridad, aplicar la ley y atender con humanidad a quienes se encuentran en situaciones desesperadas.
España tiene la capacidad de ser firme sin renunciar a la humanidad. Puede controlar sus fronteras y, al mismo tiempo, respetar el derecho. Puede actuar con decisión contra los delincuentes sin poner en duda la dignidad de quienes buscan protección. Esta combinación de seguridad y humanidad es un reflejo de la fortaleza de nuestro Estado democrático.
Desde el Gobierno, estamos reforzando las capacidades policiales y los mecanismos para la protección internacional, y es vital mantener la cooperación con Marruecos y nuestros socios europeos, dado que lo que ocurre en Ceuta tiene repercusiones que trascienden nuestras fronteras nacionales.
Pero debemos trazar líneas claras, especialmente en materia de violencia. Actos como quemar asentamientos o amenazar a quienes prestan ayuda no son una defensa de España, sino un acto que la desacredita. Es igualmente crucial que quienes cometen delitos, sin importar su origen, enfrenten las consecuencias de sus acciones.
Defender España es proteger nuestra soberanía y nuestras fronteras, cuarto respaldar a nuestras instituciones y exigirles que estén a la altura. Es aplicar la ley y asumir nuestras responsabilidades, pero también defender la Constitución, los derechos humanos y la dignidad de todas las personas.
No podemos regalar la palabra «España» a nadie, ni permitir que la lealtad a nuestro país se mida por la dureza de las palabras o el desprecio hacia los diferentes. Los momentos difíciles han probado nuestro carácter como nación, y hoy estamos ante uno de esos momentos significativos.
La utilización de Ceuta por el PP y Vox para profundizar en divisiones es un error. Aunque desde el Gobierno estamos obligados a transparentar nuestras decisiones y asumir las críticas, también es necesario que la oposición actúe con responsabilidad, manteniendo el foco en la serenidad en lugar de alimentar tensiones.
La discrepancia es parte del debate democrático, pero hay momentos en que un país necesita encontrar puntos de unión. España ha superado crisis severas cuando sus instituciones y ciudadanos trabajan al unísono.
Conozco Ceuta y las dificultades que enfrenta, pero también conozco la fortaleza de su gente. Ahora más que nunca necesitamos menos ruido y más acción colaborativa: garantizar seguridad, recursos y coordinación, y proteger a quienes sienten miedo. La política debe estar a la altura de la sociedad a la que representa.
Defender Ceuta es defender a sus ciudadanos, nuestras fronteras y nuestra soberanía. Pero también implica defender nuestra democracia y los valores que hemos construido conjuntamente. Esta es nuestra oportunidad para demostrar que ser español significa estar juntos, no en la confrontación, sino en la unidad.


