En un mundo marcado por la incertidumbre y desafíos globales, la justicia social se ha convertido en una necesidad imperante que no puede ignorarse. A medida que las tensiones internacionales crecen, la economía continúa su proceso de transformación y el rechazo hacia lo extranjero se intensifica, se vuelve urgente abordar los problemas de insensibilidad social que emergen en el panorama actual. Dos actitudes resultan especialmente preocupantes: la resignación ante la inacción y la reducción del diálogo social a un intercambio superficial de consigas. La justicia social ofrece una solución clara: el valor de una comunidad se mide por su atención hacia quienes más lo necesitan y su capacidad de respuesta ante sus demandas.
Definir qué implica verdaderamente la justicia social es crucial. No se trata únicamente de actos de caridad o compasión ocasionales, sino de asegurar que se respeten y hagan efectivos los derechos de todas las personas. Esto exige un marco administrativo caracterizado por presupuestos adecuados, cronogramas claros y un acceso transparente a los servicios y ayudas disponibles. Así, el bienestar social se ha de concebir como una infraestructura fundamental dentro de una democracia, donde, al igual que las carreteras que conectan regiones, los servicios de cuidado y atención crean una red social esencial que une a las personas. Cuando estos servicios fallan, la igualdad se convierte en un concepto vacío y distante.
En Castilla-La Mancha, la apuesta por el bienestar social está claramente definida: no se considera como un gasto prescindible, sino como una inversión en derechos. La Consejería de Bienestar Social ha establecido un presupuesto récord para el año 2026 de 953,1 millones de euros, lo que representa un aumento significativo de más del 57% desde el año 2015. Este esfuerzo político ha permitido que la inversión diaria en bienestar social haya crecido de 1,6 millones a 2,6 millones de euros en el mismo período.
Sin embargo, es fundamental recordar que los números no reflejan la realidad de quienes requieren estos servicios. Los ciudadanos viven en la espera de ayuda y en la experiencia cotidiana de la continuidad de los servicios. Por esta razón, agilizarlos y garantizar que las asistencias lleguen oportunamente es esencial para la estabilidad familiar y el desarrollo de proyectos sociales. Gracias a estos esfuerzos, la atención a la dependencia en Castilla-La Mancha ha mejorado notablemente, reduciendo los tiempos de respuesta por debajo de la media nacional.
El sistema de teleasistencia pública avanzada representa otro ejemplo palpable de cómo se implementa la justicia social en el día a día, atendiendo a más de 86,000 personas y asegurando la seguridad y autonomía de los ciudadanos en el 93% de los municipios de la región.
No obstante, existen retos significativos que aún persisten. Las estadísticas de pobreza y exclusión desafían la conciencia social, revelando que las vulnerabilidades a menudo se perpetúan de generación en generación. Consciente de esta realidad, Castilla-La Mancha ha lanzado la II Estrategia Regional contra la Pobreza y la Desigualdad Social, sustentada en un enfoque integral que implementa medidas concretas y efectivas para abordar estos problemas.
La justicia social también debe ser un derecho universal, sin importar el lugar de residencia de las personas. Es indispensable que todos los ciudadanos, sin distinción de origen o ubicación, tengan acceso equitativo a recursos y servicios. Por ello, se están reforzando los Servicios Sociales de Atención Primaria y aumentando el número de profesionales en este ámbito, asegurando que las medidas se apliquen de manera equitativa en toda la comunidad.
En conclusión, el compromiso con la justicia social va más allá de declaraciones simbólicas. Es necesario establecer un compromiso firme que contemple la asignación de presupuestos, la fijación de plazos y la garantía de continuidad en las políticas sociales. En Castilla-La Mancha, este compromiso se traduce en acciones concretas y decididas, reafirmando que la justicia social comienza donde terminan las excusas.

