En la era digital actual, publicar momentos de la vida familiar en redes sociales se ha convertido en una práctica común que muchos consideran inofensiva. Sin embargo, una creciente preocupación indica que las decisiones tomadas hoy sobre qué compartir podrían generar conflictos en el futuro. Esta preocupación es particularmente relevante cuando se trata de la imagen de los menores, quienes, al alcanzar la mayoría de edad, pueden querer ejercer control sobre su propia presencia digital.
Durante años, fotos del primer día de clase, videos divertidos en la playa o mensajes de orgullo parental han llenado las redes sociales, buscando compartir alegría con familiares y amigos. Pero una reflexión necesaria surge: ¿qué pasará cuando esos niños crezcan y deseen tomar decisiones sobre su propia imagen? La generación que se ha desarrollado con una infancia completamente documentada en plataformas como Instagram, Facebook y TikTok presenta una perspectiva distinta sobre la privacidad y la reputación digital.
Tradicionalmente, las fotos de los pequeños se guardaban en álbumes familiares o cajones, accesibles solo para quienes visitaban el hogar. Hoy, el llamado «álbum familiar» está abierto al mundo, potencialmente visible para un público global y susceptible de ser replicado sin consentimiento. Esto plantea serias implicaciones, ya que una publicación que en su momento se consideró entrañable podría ser malinterpretada o compartida fuera de contexto en el futuro.
La mayoría de edad marca un punto de inflexión crucial, otorgando a los jóvenes el derecho a solicitar la eliminación de contenido que no consintieron y a cuestionar publicaciones que sientan que vulneran su intimidad. La aparición de conflictos típicamente se basa en tres factores: la vergüenza ocasionada por una exposición no deseada, la protección de la reputación personal y la salvaguarda de la seguridad, dado que imágenes pueden revelar información sensible sobre la vida privada del menor.
Es esencial reconocer que muchos padres que comparten estas imágenes lo hacen con buenas intenciones. Sin embargo, lo que parece inofensivo hoy podría convertirse en fuente de incomodidad mañana. Los acuerdos entre progenitores también pueden complicar la situación, especialmente en familias separadas, donde las diferencias sobre la publicación de contenido relacionado con los hijos pueden generar tensiones innecesarias.
Los tiempos han cambiado y el argumento de “solo lo ven mis amigos” perdió su validez. Los amigos pueden evolucionar a lo largo de los años, y las publicaciones pueden resurgir en momentos inesperados, desencadenando conflictos que no se anticiparon.
Para quienes ya han compartido en exceso, se proponen algunas estrategias: realizar revisiones periódicas de lo publicado, optar por configuraciones de privacidad más estrictas, evitar la geolocalización y fomentar conversaciones abiertas con los menores sobre su huella digital.
Finalmente, es importante recordar que compartir momentos familiares es una acción normal y a menudo positiva, pero también es fundamental respetar el derecho del menor a decidir sobre su propia imagen. Una vez que ese derecho se afirme, será difícil ignorar su llamado.

