InicioCulturaBasilio Rodríguez Cañada reivindica en Alcázar un Cervantes plenamente actual

Basilio Rodríguez Cañada reivindica en Alcázar un Cervantes plenamente actual

El Museo del Hidalgo de Alcázar de San Juan acogió el pasado viernes 22 de mayo una nueva cita del ciclo «Universo Quijote». El editor, escritor, poeta y gestor cultural Basilio Rodríguez Cañada ofreció una reflexión sobre la vigencia de Miguel de Cervantes y la capacidad de su obra para seguir dialogando con los lectores actuales.

Durante cerca de dos horas, Rodríguez Cañada —presidente desde 1997 del Grupo Editorial Sial Pigmalión, con alrededor de 2.200 títulos publicados— compartió con el público una visión cercana y contemporánea de Cervantes, alejándose de la imagen del autor como figura del pasado para reivindicarlo como un creador conectado con el presente.

El conferenciante comenzó agradeciendo a la Sociedad Cervantina la invitación y la acogida recibida, destacando el vínculo especial que une a Cervantes con Alcázar de San Juan. Aseguró que en la ciudad manchega el autor del Quijote forma parte de la identidad colectiva y de la memoria cultural compartida.

Uno de los ejes principales de la charla fue la idea de que Cervantes trasciende la historia de la literatura para instalarse también en el presente y el futuro. Según explicó Rodríguez Cañada, la obra cervantina sigue vigente porque aborda cuestiones universales: la complejidad humana, la relación entre realidad y deseo, la fuerza de la imaginación, la necesidad de construir relatos para comprender el mundo.

Durante su intervención, el editor defendió que cuanto más profundiza en la obra de Cervantes, más convencido está de que se trata de un autor plenamente actual. También destacó el carácter vivo de Don Quijote de la Mancha, al que definió como una conversación abierta que continúa activa más de cuatro siglos después de su publicación.

Rodríguez Cañada sostuvo que el Quijote no admite lectores pasivos: desde la primera línea, Cervantes obliga al lector a interpretar, a desconfiar, a posicionarse. Se detuvo en el arranque —«En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme»— para señalar que su modernidad reside en que el narrador oculta información, introduce distancia irónica y demuestra que recuerda, duda, juega y selecciona. Desde la primera frase, Cervantes altera la relación tradicional entre autor, narrador, lector y obra.

El conferenciante enlazó esta idea con el episodio de Cide Hamete Benengeli, el supuesto historiador árabe al que Cervantes atribuye la autoría de la historia. Un recurso que, a juicio de Rodríguez Cañada, resulta sorprendentemente actual: desplaza la autoría, introduce intermediarios y convierte al propio Cervantes en transmisor de una historia. Con ese gesto, planteaba hace más de cuatro siglos una pregunta que hoy nos inquieta más que nunca: ¿dónde termina la realidad y dónde empieza la ficción?

Uno de los momentos más celebrados de la conferencia fue el análisis de los personajes. El conferenciante insistió en que Cervantes no ridiculiza cruelmente a don Quijote: lo comprende, lo acompaña y lo protege. La risa cervantina, dijo, no es cruel sino profundamente humana. Don Quijote y Sancho Panza encarnan contradicciones que todos reconocemos: todos hemos tenido momentos quijotescos, todos hemos confundido alguna vez nuestros sueños con la realidad.

Y matizó la lectura habitual del dúo cervantino: aunque se suele decir que Sancho representa el sentido común y Don Quijote la fantasía, la realidad es más compleja. Ambos personajes se transforman mutuamente: Sancho se contagia de imaginación y Don Quijote adquiere al final una lucidez dolorosa. Esa transformación mutua, subrayó, es una de las grandes funciones de la literatura.

Rodríguez Cañada dedicó un pasaje emocionante de su conferencia a la biografía de Cervantes como cantera de su obra. La batalla de Lepanto de 1571, en la que resultó gravemente herido y perdió el uso de su brazo izquierdo, no fue para Cervantes una desgracia: la recordó como «la más alta ocasión que vieron los siglos». Y el cautiverio de Argel —más de cinco años, varios intentos de fuga, la sombra constante del castigo— se transformó en materia literaria de primera magnitud.

En ese contexto cobró toda su fuerza la célebre frase del Quijote: «La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos». Para el conferenciante, no es retórica ni ornamento: es una verdad vivida desde la experiencia personal más dura. Su hipótesis literaria es que Cervantes sobrevivió en Argel porque era un contador de historias. En una época sin radio ni televisión, el relato oral podía ser una forma de supervivencia.

Como presidente de Sial Pigmalión, Rodríguez Cañada se detuvo especialmente en una escena que considera extraordinaria: la visita de don Quijote y Sancho a una imprenta de Barcelona en la segunda parte del Quijote. Cervantes introduce dentro de la propia novela el espacio donde nacen los libros: prensas, oficiales, corrección de pruebas, esfuerzo artesanal. El escritor necesita al impresor, al corrector, al editor y, finalmente, al lector. Y en esa misma escena, Don Quijote descubre que se está publicando una continuación apócrifa de sus aventuras: autoría, plagio, autenticidad, propiedad intelectual… Cervantes planteaba hace cuatro siglos exactamente los mismos dilemas que hoy enfrentan autores y editores.

El conferenciante concedió especial importancia al primer lector desconocido, ese lector anónimo que recibe la obra sin compromiso previo y la legitima al leerla. No familiares, no amigos: ese lector desconocido es quien otorga al autor carta de naturaleza como escritor.

En la parte más autobiográfica de la conferencia, Rodríguez Cañada explicó la gestación de su libro Las vidas imposibles de Miguel de Cervantes: no una biografía académica cerrada, sino un diálogo literario con las posibilidades vitales y simbólicas del autor. Un libro que nació de más de veinte años de convivencia íntima con Cervantes y que imagina caminos alternativos que la historia le negó.

Entre esas vidas alternativas, el conferenciante imaginó un encuentro entre Cervantes y Shakespeare en Valladolid durante la visita de una embajada inglesa; exporó literariamente la batalla de Lepanto jugando con identidades paralelas; y, como americanista, decidió concederle en la ficción el sueño americano que la Corona le denegó en la realidad: lo sitúó en Cartagena de Indias, en el Soconusco mexicano, en La Paz, dándole aventuras, relaciones y descendencia americana.

Quizá fue Cervantes quien le inoculó la locura suficiente para dejar un trabajo estable y dedicarse a la edición y la escritura, reconoció entre risas. Y es que, como dejó claro a lo largo de toda su intervención, la relación entre Rodríguez Cañada y Cervantes no es académica: es de compañía, de viaje compartido.

El conferenciante cerró su intervención recogiendo los tres hilos que habían atravesado toda la conferencia: la perspectiva del lector, la del editor y la del escritor. Y los reunió en una sola idea que arrancó un largo aplauso: «Cervantes me ha acompañado como lector, como editor y también como escritor, y sinceramente creo que nos ha acompañado a la mayoría de los lectores y a la inmensa mayoría de habitantes de Alcázar de San Juan, a quienes desde niños se les inculca ese valor de pertenencia, ese vínculo con la historia y la obra de este autor que es universal, que pertenece a todos sus lectores».

El turno de preguntas estuvo a la altura de la conferencia. Se abordó la relación entre Cervantes y Shakespeare —el dramáturgo inglés conoció materiales cervantinos, como demuestra la historia de Cardenio—, la recepción del Quijote en Hispanoamérica —donde la obra se siente a menudo como propia, intensamente amada y apropiada culturalmente— y el valor de las adaptaciones infantiles o audiovisuales: «Adaptar el Quijote no es traicionarlo, siempre que se respete su esencia», afirmó Rodríguez Cañada.

El acto concluyó con la entrega de un reconocimiento a Basilio Rodríguez Cañada y con la donación de algunos de sus libros para la biblioteca de la institución. La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan reafirmó así su papel como espacio de referencia en la difusión del legado cervantino. En esa misma semana cultural, el Ayuntamiento de Cuenca nombraba a José María Cruz Novillo Hijo Predilecto póstumo, otro signo del compromiso de la región con sus creadores.

La jornada del sábado departió a los invitados de la Sociedad Cervantina —Basilio Rodríguez Cañada, Raquel Delgado, Nery Santos, José Luis Marín Aranda y los amigos mexicanos Miguel Martínez Parra y Erika Escartní— una experiencia tan rica en simbolismo como en camaradería.

La mañana comenzó con un momento de rara emoción: de manos del párroco don Francisco Javier Quevedo, custodio del documento en la Casa Parroquial, los visitantes pudieron contemplar la partida de bautismo original de Miguel, hijo de Blas de Cervantes Saavedra. Tocar, aunque fuera con la mirada, ese papel donde la historia escribe su firma más auténtica, resultó para todos una experiencia difícil de olvidar.

A continuación, el grupo recorrió algunos de los hitos turísticos y patrimoniales de la ciudad: el Quijote cósmico —estatua gemela de la de Guanajuato—, el Torreón del Gran Prior —desde cuyas almenas pudieron contemplar la llanura manchega de la Comarca Quijote—, la Capilla de Palacio y la Colegiata de Santa María la Mayor, la parroquia más antigua de la diócesis, que este año celebra su octavo centenario. Alcázar de San Juan forma parte del patrimonio histórico castellano-manchego que también reconocen iniciativas como el Grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad, al que pertenecen otras localidades castellano-manchegas.

El punto culminante de la jornada fue el «Almuerzo de Don Quijote»: tan agradable como fructífero, dio lugar a la presentación de un proyecto de colaboración entre el Grupo Editorial Sial Pigmalión y la Sociedad Cervantina de Alcázar, una alianza que deberá tomar forma en los próximos meses para la difusión del legado cervantino.

La jornada se cerró con una subida al Cerro de San Antón y una visita a los cuatro molinos de viento que se conservan de los diecinueve que tuvo el término municipal. El molino Fierabrás —que mantiene su maquinaria en pleno uso— capturó la imaginación de los visitantes: en su interior, los cervantistas alcazareños explicaron su funcionamiento con una pasión que hizo que cada engranaje pareciera respirar historia.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el ciclo Universo Quijote?

Es un ciclo de conferencias y actividades culturales organizado por la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan en el Museo del Hidalgo, dedicado a la figura y la obra de Miguel de Cervantes.

¿Quién es Basilio Rodríguez Cañada?

Es editor, escritor y poeta, presidente desde 1997 del Grupo Editorial Sial Pigmalión, con unos 2.200 títulos publicados. Es también autor de Las vidas imposibles de Miguel de Cervantes, una obra que imagina caminos alternativos para la biografía del escritor.

¿Reivindica Alcázar de San Juan como cuna de Cervantes?

Alcázar de San Juan custodia la partida de bautismo de un Miguel de Cervantes y defiende una vinculación histórica con el autor del Quijote. La Sociedad Cervantina de la ciudad trabaja desde hace décadas en la difusión de este vínculo y del legado manchego de la obra cervantina.

¿Qué puede visitar el turista cervantino en Alcázar de San Juan?

El Museo del Hidalgo, el Torreón del Gran Prior, la Capilla de Palacio, la Colegiata de Santa María la Mayor (octavo centenario en 2026), los cuatro molinos de viento conservados —incluido el molino Fierabrás— y la estatua del Quijote cósmico, gemela de la de Guanajuato.

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