El cotidiano de muchas mujeres se ha convertido en una rutina agotadora, marcada por el trabajo y las responsabilidades de cuidado. A pesar de los avances en la igualdad de género, más del noventa por ciento de las tareas relacionadas con el cuidado de niños y personas mayores recaen aún sobre las mujeres. Un dato alarmante revela que el noventa y dos por ciento de las solicitudes de reducciones de jornada o excedencias por motivos de cuidado son realizadas por ellas, mientras que las labores domésticas son asumidas por el cincuenta por ciento de las mujeres, en contraste con un mínimo cuatro por ciento de los hombres. Esto se traduce en que las mujeres dedican, en promedio, doscientas sesenta horas más al año a estas tareas que sus contrapartes masculinos.
La carga mental que enfrentan las mujeres va más allá de las tareas visibles del día a día; se extiende a la organización, la planificación y la supervisión de múltiples aspectos de sus vidas y las de sus familias, convirtiendo estos esfuerzos en labores invisibles que a menudo no son reconocidas. La dificultad para conciliar estas responsabilidades con la vida laboral se convierte en un desafío constante, y las decisiones profesionales se ven frecuentemente subordinadas al imperativo de cuidar, perpetuando un ciclo de desigualdad.
Ante esta realidad, se vuelve esencial implementar políticas de igualdad que no solo sean necesarias, sino que sean urgentes. La educación en corresponsabilidad es crucial para que las mujeres no midan su valor a través del cuidado, ya que no son supermujeres y no deberían sentirse obligadas a asumir todas estas responsabilidades.
El 8 de marzo, es vital recordar que no se puede retroceder en los logros alcanzados por tantas mujeres luchadoras. No se puede permitir que fuerzas políticas que favorecen la retrocesión en temas de igualdad utilicen a las mujeres como moneda de cambio en alianzas con la ultraderecha. Es fundamental reivindicar políticas que promuevan la igualdad de oportunidades y que construyan un terreno equitativo desde el cual hombres y mujeres puedan avanzar sin cargas desiguales.
Desde el PSOE de Castilla-La Mancha, se enfatiza que sin la plena participación de las mujeres, no hay democracia ni justicia social. Se defienden las políticas de igualdad implementadas en la región, diseñadas para proteger los derechos de las mujeres castellanomanchegas.
Este 8 de marzo, las calles volverán a llenarse de voces que claman por una sociedad con igualdad de oportunidades. Esta no es una lucha de sexos, sino un esfuerzo conjunto que busca avanzar de la mano con los compañeros de vida en la construcción de un futuro más igualitario.
vía: Diario de Castilla-La Mancha


