David Gandía, reconocido asesor estratégico de directores ejecutivos y creador del innovador Método Northway, ha revelado una conclusión crucial tras involucrarse en más de 300 proyectos con empresas medianas. Según Gandía, el verdadero obstáculo para el avance corporativo no reside en la falta de talento, sino en el exceso de prioridades y la dispersión estratégica que afecta a los equipos directivos de estas empresas.
A pesar de contar con un capital humano formidable, una formación adecuada y modernas herramientas de gestión, muchas compañías españolas continúan enfrentándose a la misma inquietante pregunta: “¿Por qué, con todos los recursos a nuestra disposición, no avanzamos al ritmo esperado?”. La respuesta que ofrece Gandía es tanto clara como provocativa. El problema no es la escasez de talento, sino la sobrecarga de tareas y la falta de claridad en la toma de decisiones.
Durante su trayectoria asesorando empresas, Gandía ha observado que aquellas que asiste tienden a operar con una multiplicidad de frentes abiertos. Esta situación crea agendas saturadas y criterios poco definidos acerca de lo que debe ser considerado realmente estratégico. En consecuencia, los comités directivos invierten mucho esfuerzo, pero no siempre en aquello que resulta más crucial, convirtiendo la estrategia en un simple concepto genérico que pierde su capacidad de guía efectiva.
Para Gandía, el origen de este dilema es estructural. Con el crecimiento empresarial, la complejidad también se incrementa, pero no siempre se potencia al mismo ritmo la capacidad de liderazgo. Esto provoca que muchas organizaciones se hagan cada vez más dependientes del impulso del CEO para mantener el rumbo. En estas condiciones, las iniciativas compiten sin una jerarquía clara, y la ejecución se apoya más en el esfuerzo individual que en un sistema coherente.
Para resolver estos desafíos, Gandía ha desarrollado el Método Northway, un enfoque destinado a restaurar la claridad estratégica y fomentar un enfoque disciplinado en la ejecución. Este método no se centra en adicionar más planificación, sino en utilizar la estrategia como una herramienta que permita tomar decisiones más acertadas, organizando prioridades y promoviendo una ejecución coherente y sostenible.
Su trabajo se extiende tanto a empresas medianas como a organizaciones más grandes, donde una mala priorización puede impactar no solo en el enfoque del equipo directivo, sino también en la velocidad de ejecución, la asignación de recursos e incluso en los resultados económicos de la empresa. Cuando se implementan correctamente las estrategias adecuadas, los resultados pueden ser notables: los CEOs recuperan la capacidad de liderazgo, los comités directivos logran una mejor alineación, las prioridades se establecen con claridad y la ejecución se vuelve más rigurosa.
“Muchas empresas no necesitan más talento del que ya tienen. Lo que realmente requieren es reducir la dispersión, establecer mejores prioridades y contar con una estrategia que efectivamente les asista en la toma de decisiones”, concluye Gandía.

