Materiales de reciclaje y pequeños objetos de uso cotidiano, cuando no de desecho, son los elementos que forman La Naturaleza Fantástica de Manuela Sanz. Parte de la colección puede verse ahora en la Fundación Isidro Parra, el museo de la calle Jesús Romero. Y además se ha editado un libro con una selección de fotografías de unos insectos que están descritos con una literatura que parodia a los tratados científicos de entomología, obra de Edmundo Comino y Teresa Moreno.

La colección lleva por nombre Verosimiles e Inverosímiles. Durante parte del año 2018 esstuvo expuesta en el Centro de Exposiciones de las excavaciones de Atapuerca, en Burgos. Allí se expusieron 380 especímenes, pero la colección ya tiene 800. Todo empezó en una exposición del marido de la autora, Isidro Parra, cuando trabajaba en una nave que había sido taller mecánico y en el baño no había cadena de váter, allí colocó el primer bicho con una foto en miniatura de la cara del artista.

La idea de Verosimiles / Inverosímiles se ha prolongado con la publicación de un libro que recoge estos ejemplares de insectos imaginarios fotografiados por Miguel Calatayud que se planteó el trabajo ccomo un reto ante unas creaciones dotadas de gran plasticidad, por sus transparencias y sus texturas.

Sobre la complicidad de todos los implicados en esta obra hay una anécdota que contó el fotógrafo. En sus frecuentes salidas al campo, encontraba objetos, hojas o trozos de madera que regalaba a la creadora de los bichos.

Pero la plástica, la literatura y la fotografía del proyecto expositivo se completa con música, porque Miguel Nava cuervo ha ralizado una grabación de 20 minutos basada en ruidos, que no lo son tanto, como un retrato sonoro de la nturaleza y los propios insectos.

La banda sonora compuesta para esta Naturaleza Fantástica es un homenaje al protagonista de la Metamorfosis, de Franz Kafka, aquel Gregorio Samsa que una mañana se despertó convertido en un insecto pavoroso. Como los insectos reales hacen ruidos con sus alas, llamadas Élitros, la pieza se llama Elitrofonía Samsa.

En la exposición situada ahora en el museo de Isidro Parra no estan todos los especímenes creados por Manuela Sanz, como también hay una selección en el libro, editado por La Casa Cromática y en el que se pueden conocer los nombres de estos insectos verosímiles aunque irreales. Los nombres, descripción morfológica y algunas de sus costumbres, se han basado en la literatura infantil y popular y en la realidad, porque antes de la intervención de los escritores, la coleción estaba simplemente catalogada por números.

De este modo ahora es posible visitar esta exposición de bichos, pero también hay una guía para conocerlos mejor. Entre los especimenes están la triptonera clemens, la anacorides oporoma o la istopia solpedia. Son seres cuya procedencia los autores situan en lugares tan reconditos como el rio Gnomken o más allá de Las Tierras Grises y que tienen aspectos y costumbres un tanto delirantes. Y así, aprenderemos que el especimen “Terycondria Koilia, es una ninfálida, muy a su pesar” o que el Marzatea Todulapa es “de pata fina”, pero que “una vez puesto en marcha es incansable”.