Desde 2017, el sistema tributario español ha evolucionado considerablemente. La llegada de la inteligencia artificial y el uso de tecnologías de análisis masivo han permitido que la Agencia Tributaria esté más cerca que nunca de conocer casi todo sobre nuestras finanzas.
En julio de 2017, se produjo una modificación en la Ley del IVA que marcó el principio de una nueva era de fiscalización digital en España. Este cambio, impulsado por el Sistema de Información Inmediata (SII), obligaba a las grandes empresas, aquellas que facturan más de seis millones de euros anuales, a enviar de manera electrónica y en un plazo máximo de cuatro días los detalles de sus facturas a la Agencia Tributaria. El objetivo fundamental era mejorar la lucha contra el fraude y aumentar la transparencia en la gestión tributaria.
Ocho años después de su implementación, el sistema no solo se encuentra plenamente operativo, sino que también se ha ampliado para incluir a empresas más pequeñas. Con la perspectiva de 2025 en el horizonte, los avances en inteligencia artificial y análisis de datos están llevando esta transformación aún más lejos.
Si eres particular y solicitas una factura en grandes empresas como El Corte Inglés, Ikea, Amazon o similares, esa información se registra automáticamente. Lo mismo ocurre con compras online, gastos en energía o billetes de avión comprados a tu nombre. Esta recolección de datos no se considera espionaje, sino más bien parte de un proceso de trazabilidad legal: los datos que facilitas a las empresas al exigir factura llegan, en cuestión de horas, a una vasta base de datos que gestiona la Agencia Tributaria.
Esta base de datos, organizada por NIF, contiene millones de operaciones comerciales, así como ingresos y gastos de empresas y particulares. Aunque en teoría no afecta al ciudadano medio, el sistema permite detectar incoherencias entre el estilo de vida de los contribuyentes y sus ingresos declarados. Aquí es donde la tecnología juega un papel crucial.
Los avances en inteligencia artificial y el uso de potentes tarjetas gráficas, como las NVIDIA H100 o H200, han transformado el tiempo que solía requerir el análisis manual de data en cuestión de segundos. Aunque el Gobierno no ha confirmado oficialmente la adquisición de esta tecnología para la Agencia Tributaria, hay especulaciones en círculos tecnológicos sobre la compra de decenas de unidades para mejorar los sistemas de análisis fiscal. Si esto se confirmara, estaríamos ante una Hacienda 5.0, capaz de identificar irregularidades fiscales antes de que ocurran.
Este avance digital trae consigo numerosas ventajas, como la automatización de procesos, la reducción de la carga de trabajo para los inspectores y la posibilidad de centrar los esfuerzos en grandes tramas de evasión, además de mejorar la eficiencia del sistema. Sin embargo, también surgen preocupaciones legítimas sobre la privacidad y proporcionalidad de estos métodos.
¿Debe el Estado tener conocimiento sobre los gastos de una persona en vacaciones, suscripciones digitales o compras online? ¿Es aceptable cruzar datos personales con información fiscal para detectar posibles fraudes? ¿Existen suficientes garantías para evitar abusos o errores en los algoritmos de detección?
El debate ético y político se encuentra presente en esta cuestión; mientras algunos argumentan que la tecnología mejora la capacidad del Estado para perseguir a los grandes defraudadores, otros advierten que ello podría derivar en un sistema de vigilancia fiscal desproporcionado, afectando también a pequeños contribuyentes. Además, la digitalización no siempre ha resultado en una reducción de la presión fiscal, lo que alimenta la percepción de que Hacienda «exprime» más de lo que ayuda.
Actualmente, un número creciente de ciudadanos demanda un uso más equilibrado de los datos, así como mayor transparencia respecto al uso de herramientas de inteligencia artificial en el sector público y, sobre todo, una simplificación real del sistema tributario que facilite el cumplimiento de las obligaciones fiscales sin temor a errores o penalizaciones automatizadas.
La transformación digital de la Agencia Tributaria es ya una realidad. Lo que comenzó como una iniciativa para mejorar la gestión del IVA se ha convertido en un ecosistema tecnológico que coloca a España a la vanguardia del control fiscal en Europa. La pregunta que queda es: ¿estamos construyendo un sistema más justo o simplemente más intrusivo?
La respuesta dependerá, como es habitual, del uso que se haga de estas herramientas. Sin embargo, está claro que, en 2025, la inteligencia artificial ha llegado al mundo de los impuestos para quedarse.