Calle de la Luna (1961)

«Calle joven, contemporánea de la calle Nueva, ambas formadas en las primeras expansiones del barrio de los yeseros o de la Cruz Verde, que es su vía central; calles rectas, suficientemente espaciosas, proporcionadas a su necesidad de transversales. La de la Luna, va de la Cruz Verde a la calle de Madrid, cuyo nombre debió prolongarse hasta la vía, y la Nueva desde la calle de la Estación a la Cruz Verde.

Este detalle de la calle de la Estación es importante y no se comprende que Alcázar, que tanto debe a la Estación y que tenía una calle más con denominación perfectamente encajada, popular, clara y sencilla, eligiera esa vía para ponerle los nombres de las ilustres personalidades que ha llevado, disponiendo de tantas calles nuevas que, por lo hecho, se comprende los apuros que se han pasado para roturarlas más de una vez y la poca fortuna que acompañó a la elección.

Las expansiones de Alcázar se han iniciado casi siempre por un grupo de vecinos o de padres de familia numerosa que compraron tierra para que todos los hijos hicieran casa, como «Cayares» y otros.

En la Corredera fueron los de Beamud, los albañiles, y los del tío Marcelo Vaquero los que impulsaron la construcción, y en la calle De la Luna los «Pellases» con otros yeseros y los de las bodegas próximas a la Estación, «Peluza» y los .»Carabinas». Entre los «Pellases» y los «Carabinas» se puede decir que hicieron toda la acera de la sombra, salvo lo de la entrada, de Leandro, la Paca Ortiz y el «Medio».

La Calle Nueva la hicieron entre los treneros y los yeseros. Los primeros la parte más próxima a la Estación , Vicente Carabaño y Soledad, con un solo yesero, Juan el «Mueso». En el otro extremo se aposentaron los yeseros que no habían logrado afincarse más abajo. Los «Santicos», los «Pelaos», el «Tornero’, Nicanor Pérez, «Bodiquilla», Perico el «Borracho», «Potra’, los “Pastaños”, el tío “Pistaño”, “Pirralda”, el «Pollo» y otros

Los de menos disposición fueron los más prolíficos. Los alrededores de los hornales; parecían madrigueras; los chicos salían como conejos y con la misma nativa presentación, todos de su monte. y así, con tan primitivo sistema, se hizo la Calle Nueva.

Le estaba bien el nombre que le dieron a la calle de la Luna, pero D. Magdaleno, que andaba de verdad por las calles desde los amaneceres y no como yo, que lo hago con la imaginación, hizo que le cambiaran el nombre, igual que a otras y casi todas con el mismo espíritu castrense y el mismo desacierto desde el punto de vista del casticismo local.

De lo más desacertado fue lo de los Alterones, y la calle Ancha y la de Machero, por aquello de que estaban al hilo, sin que se puedan considerar como modelos las nuevas del Dr. Creus, por que fue profesor suyo y de Pirran por su relevante personalidad. ¡Con los nombres tan propios que se podían haber puesto!

Ya se ha señalado otras veces el ejemplo de los pueblos de alrededor, muchos sorprendentes por su belleza, por su propiedad inmodificable, como la mayoría de los motes de la gente, por su claridad y fácil comprensión. Pero la cosa sigue y cada día se oye algo que le deja a uno admirado. Hace poco, al preguntar la dirección a una campesina para escribirle, me dice; vivo en la calle de la Senda de los Molinos. ¡Vaya nombre para Crlptana, ¡eh! Pues bien, en Alcázar se eclipsó la Luna; la apagó D. Magdaleno con su continuo resoplar, pero era verdad que se llenaba toda la calle de Luna corno pocas y cuando no había luz, porque los faroles no alcanzaban para aquellas calles, el tenerla natural era suficiente para que los vecinos no lo olvidaran y llamaran a la calle con su nombre».

Texto y fotografía extraidos del fascículo Nº 11 de Agosto de 1961, páginas 12 y 13, de Hombres, lugares y cosas de La Mancha, de Rafael Mazuecos de Rafael Mazuecos.

Publicado en Grupo de FB Alcazar de San Juan Pasado, Presente y Futuro por Francisco Javier Sánchez-Mateos Delgado.

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