La historia religiosa de Alcázar de San Juan no se entiende sin una promesa que el pueblo hizo a la Inmaculada en 1470 y que, con interrupciones, atravesó más de cinco siglos. De aquella ermita extramuros de la villa salieron dos monasterios de Clarisas, una congregación que terminó replantando sus raíces en Villarrubia de los Ojos y, casi en paralelo, la llegada de las Concepcionistas que aún hoy custodian la devoción en la ciudad. Esta es la trayectoria de los conventos alcazareños y del Voto a la Inmaculada Concepción, contada con sus fechas, nombres y altibajos.

De la ermita extramuros al primer Voto público
Suele aceptarse que Villalpando (Zamora) y Saelices (Cuenca) fueron los primeros pueblos de España en proclamar la Pureza Inmaculada de María, en 1466, y en jurar mediante Voto público defenderla y celebrarla cada año. Muchos municipios siguieron el ejemplo, Alcázar entre ellos, que ya por entonces tenía levantada extramuros una ermita dedicada a Nuestra Señora de la Concepción.
La primera referencia escrita de esa ermita es de 1470: en ella, el Gobernador del Priorato de la Orden de San Juan, en nombre del pueblo, profirió el solemne Voto y se comprometió a celebrar cada año la festividad de la Inmaculada, pidiendo protección frente a la plaga de langosta que arrasaba los cultivos. La devoción funcionó durante un tiempo, pero el compromiso terminó por olvidarse.
En 1546, una nueva plaga de langosta volvió a poner contra las cuerdas a los campos manchegos. El Concejo, junto a los Padres Franciscanos, decidió renovar el Voto a perpetuidad y añadir nueve misas anuales en honor a las nueve fiestas principales de Nuestra Señora. El 8 de septiembre de aquel año, una procesión partió desde la primitiva iglesia de Santa Quiteria hacia la ermita, presidida por el Prior Pedro de Orgaz y los alcaldes ordinarios Lope de Malara y Jerónimo Díaz Maroto. Predicó Fray Francisco de Zamora, Guardián del Monasterio de San Francisco, y el Voto se renovó con la mano sobre los Evangelios. Firmaron como testigos Luis de Aza, Hernando de Villaescusa, Juan Rubio, Martín Cabero, Sebastián de Yepes y el Bachiller Juan López Montalvo, ante el escribano Alonso de Yepes.
Sor Francisca de la Cruz y el Monasterio de la Concepción
La langosta desapareció y el suceso corrió de boca en boca por todo el Priorato. La noticia llegó al Monasterio de San Juan de la Penitencia, en Toledo, donde profesaba la Venerable Sor Francisca de la Cruz, alcazareña. Concibió la idea de fundar un monasterio de religiosas junto a la ermita y, con el apoyo de Sor María Fernández (la “peregrina de Cristo”), pidió la correspondiente licencia al Concejo en julio de 1556 a través del Presbítero Fray Francisco Cortés.
El 1 de junio de 1557 el Concejo, presidido por los alcaldes Rodrigo de Sacedo y Hernando Díaz Guerrero, otorgó la licencia y cedió la ermita y los bienes anejos. Faltaba la autorización del Prior de la Orden de San Juan, que firmó Jerónimo de Galoza el 20 de mayo de 1564. Tres días después, Sor Francisca de la Cruz tomaba posesión junto a Sor María Ortega y Sor Luisa de la Ascensión: la ermita se convertía en iglesia del monasterio que se levantaría a su lado. Hasta la exclaustración de 1868, allí se celebró cada año la festividad de la Inmaculada y la renovación del Voto.
En 1565, las religiosas adoptaron la Regla Terciaria Franciscana sin velo. Veintiséis años después, tras los decretos de clausura del Concilio de Trento, el Capítulo Provincial reunido en Belmonte modificó esa regla y les aplicó la Segunda Orden Franciscana, Regla de Santa Clara, vigente desde 1591 con la instrucción previa de monjas llegadas desde Huete. Aquel cenobio, conocido entre los alcazareños como “de las monjas Clarisas”, llegó a tener más de ochenta religiosas en el momento dorado de Alcázar y atrajo a mujeres de las familias más arraigadas del Priorato.
El Monasterio de San José: una segunda casa Clarisa
A principios del siglo XVII la comunidad estaba tan crecida que Doña María Díaz Pedroche, devota de San Francisco, cedió su casa solariega para fundar un segundo monasterio de la Regla de Santa Clara. La Orden Franciscana concedió licencia el 2 de noviembre de 1601 y el Lugarteniente del Gran Prior, Frey Antonio de Toledo, dio la autorización el 28 de enero de 1602.
El 23 de mayo de ese mismo año tomó posesión el Provincial de la Orden, que designó a Fray Calixto Cantero como primer Vicario y a Sor María de Vargas como Madre Abadesa fundadora. Llegaron del Monasterio de la Concepción Sor Ana Pérez y Sor Jerónima Martínez Coronel para acompañarla. La nueva casa se llamó Monasterio de San José, en honor del santo bajo cuya protección nació, y junto a ella se levantó una pequeña iglesia, hoy desaparecida, bendecida el 15 de junio de 1605. En su mejor momento llegó a albergar unas treinta religiosas.

Inmaculada frente a Santa Quiteria: una disputa de patronazgos
Durante dos siglos las dos comunidades vivieron años de esplendor. La devoción por la Inmaculada que ellas alimentaban hizo que el Concejo, mediante Bula concedida por el Papa Urbano VIII (1623-1644), la declarara Patrona de la Villa, en abierta desavenencia con el Vicario Arzobispal, residente en Alcázar, que había proclamado Patrona a Santa Quiteria con festividad el 22 de mayo. La controversia nunca cesó del todo: en la segunda mitad del siglo XVIII, el Concejo mandó pintar en la Sala Capitular del Ayuntamiento una imagen de la Inmaculada con la inscripción “Ave María Purísima. La Inmaculada Concepción General Patrona de esta Villa”.
En 1666, el matrimonio formado por Don Francisco de Reza Orozco y Doña Francisca Muñoz Villaseñor fundó a sus expensas el “Colegio de la Inmaculada Concepción y San Buenaventura”, ubicado en la Universidad del Monasterio de San Francisco, donde se impartían estudios de Filosofía y Teología para clérigos franciscanos abiertos también a seglares. La disputa por el patronazgo se cerró en 1824, cuando se reconoció como nueva Patrona de Alcázar a Nuestra Señora del Rosario, festividad establecida el 7 de octubre por el Papa Pío V tras la victoria de Lepanto.
El Censo del Conde de Floridablanca, elaborado en 1787, dibuja una comunidad aún viva: 54 Clarisas en Alcázar, 26 en la Concepción y 28 en San José. La caída respecto a las 60 monjas censadas en el Catastro del Marqués de la Ensenada (1752) era leve.
Exclaustración, visita de Isabel II y final de las Clarisas
La desamortización de Mendizábal de 1836 exclaustró todos los conventos de Alcázar excepto el de la Concepción, que recogió a las últimas religiosas procedentes del de San José. La decadencia, sin embargo, era ya imparable. En 1862 hubo un breve respiro: la Reina Isabel II, devota de la Inmaculada, visitó el monasterio el 12 de septiembre, durante un viaje a Andalucía. La comitiva real recorrió las calles en carruaje desde la estación, paró en la iglesia de San Francisco y, ya en el monasterio, los soberanos hablaron con las religiosas, probaron sus dulces y oraron ante la imagen de la Inmaculada. La Reina hizo una donación generosa y prometió ayuda.
El Ayuntamiento le envió el 12 de diciembre de 1864 una carta solicitando el envío de religiosas, pero la situación no tenía vuelta atrás. En 1868, las tres últimas monjas abandonaron Alcázar y la renovación anual del Voto se interrumpió. El edificio fue cedido al Ministerio de la Guerra, acabó como casa cuartel de la Guardia Civil y hoy está reconvertido en hotel. La parte que se conserva del antiguo Monasterio de San José alberga el Museo FORMMA, dedicado a la cerámica manchega, donde aún luce el histórico escudo de la Orden Franciscana en una de las esquinas.

El renacer Clarisa en Villarrubia de los Ojos
Las tres últimas religiosas que dejaron el Monasterio de la Concepción en 1868 (la Abadesa Madre Sacramento Alfaro, Sor Saturnina de la Soledad y otra hermana sin identificar) fueron acogidas en el Monasterio de San José de las Carmelitas Descalzas en Malagón. Allí pudieron seguir su Regla de Santa Clara con normalidad. Una curiosidad gastronómica las acompañó: las tortas de bizcocho que elaboraban, posiblemente con receta traída desde algún convento italiano, siguieron haciéndose fuera del cenobio gracias al personal seglar y son hoy las célebres Tortas de Alcázar.
En 1882, la Madre Sacramento supo que un vecino de Villarrubia de los Ojos, Don Bernardo Jerez Moraleda, estaba rehabilitando a sus expensas la antigua ermita de Nuestra Señora de la Soledad para convertirla en iglesia. Acordaron fundar un convento en la casa y huerta anejas. En 1884, Don Bernardo elevó al rey Alfonso XII la petición al Ministerio de Gracia y Justicia, y el 17 de julio de 1885 el Obispado de Ciudad Real recibió la autorización para fundar una Comunidad de Religiosas Clarisas en Villarrubia.
La Madre Sacramento, Sor Saturnina y otras cuatro religiosas procedentes del Real Monasterio de Santa Clara de Játiva tomaron posesión del nuevo Convento de Nuestra Señora de la Soledad el 15 de octubre de aquel año, festividad de Santa Teresa de Jesús. Diecisiete años después de salir de Alcázar, la comunidad fundada por Sor Francisca de la Cruz en 1564 renacía. La acompañaban Sor Águeda María Badenes, Sor Angelina Sanmartín, Sor Patrocinio Ballester y Sor Juana María Llozar. El 6 de marzo de 1978, ya con el viejo edificio quedándose corto, comenzaron las obras del nuevo convento, levantado con la colaboración del pueblo de Villarrubia bajo las orientaciones de renovación del Concilio Vaticano II.
Las Concepcionistas: la nueva casa frente a la calle de la Virgen
Alcázar no se quedó mucho tiempo sin una comunidad dedicada a la Inmaculada. El 1 de julio de 1882 llegó una comunidad de la Orden de la Inmaculada Concepción, fundada en 1489 por la portuguesa Santa Beatriz de Silva mediante la Bula Inter Universa, aprobada por el Papa Inocencio VIII (cuatro siglos antes de proclamarse el dogma). Esta comunidad, inicialmente Concepcionistas Descalzas tras la reforma de la Madre Patrocinio Quiroga, se instaló en una casa de la calle del Verbo (actual calle del Dr. Policarpo Lizcano), donada por Doña Candelas Campo Vela, viuda de Don Evelio Reíllo Pizarro. La primera Abadesa fue Sor María Antonia de la Asunción Reíllo, hermana del benefactor, y vino acompañada de otras nueve religiosas del Monasterio Concepcionista de Manzanares.
La muerte de Doña Candelas en febrero de 1882 dejó las obras inconclusas. El edificio resultó precario e insalubre y, con el paso de los años, su estado fue empeorando hasta la ruina. En 1970, ya con la Madre Mercedes de Jesús Egido como Abadesa (hoy en proceso de beatificación), comenzaron las obras de un nuevo monasterio e iglesia en la actual calle de La Virgen, costeado por Don Pablo Salvador Bullón y curiosamente cercano al solar donde estuvo la primitiva ermita del siglo XV. En noviembre de 1972 las Hermanas se trasladaron al nuevo edificio, inaugurado y bendecido por el Obispo Juan Hervás y Benet el 19 de marzo de 1973, festividad de San José, con el nombre de Monasterio de la Inmaculada y Santa Beatriz de Silva. En 1987 esta misma comunidad abrió un nuevo monasterio en Campo de Criptana, llamado del Creador y de la Inmaculada.
El Voto a la Inmaculada hoy: tradición interrumpida
De los dos monasterios Clarisas quedan los edificios reconvertidos (hotel y FORMMA) y, sobre todo, la tradición secular del Voto a la Inmaculada. Tras 87 años de olvido desde 1868, el alcalde Don Tomás Quintanilla la recuperó el 8 de diciembre de 1954 en la iglesia de San Francisco. Desde 2015 vuelve a estar suspendida, una pausa que ha generado debate político local sobre su recuperación. Más allá del componente religioso, hablamos de una de las costumbres con más recorrido histórico de la ciudad.
El Voto siempre fue, además, una ocasión para que el alcalde expusiera ante la imagen las necesidades del pueblo. Don José Eugenio Castellanos Perea decía en 1998: “Como cada año venimos a solicitar vuestra intercesión para que nuevamente nos protejas de cualquier plaga que amenace nuestra convivencia, que socave nuestros credos, nuestra cohesión social, que nos hagan intolerantes con las ideas ajenas, excluyentes con hombres y mujeres de otras razas… ayúdanos a superar las enfermedades y los padecimientos, guíanos para nuestro recto proceder, en la defensa de los intereses de todos cuantos formamos esta comunidad”.
Dos años más tarde, en 2000, Don José Fernando Sánchez Bódalo afirmaba: “El progreso técnico y material no ha evitado que miles de niños mueran cada minuto; ni que cada diez segundos haya un nuevo enfermo de SIDA que no tendrá curación porque vive en una Tierra donde no ha llegado el remedio…”. Y cerraba: “Señora, en nombre de todos los alcazareños y alcazareñas y de la Corporación Municipal, renuevo el Voto que la ciudad tiene hecho a tu Purísima Concepción. Voto que la Corporación que presido renovará cada ocho de diciembre en nombre de la ciudad de Alcázar de San Juan”.

Preguntas frecuentes
¿Cuándo se proclamó por primera vez el Voto a la Inmaculada en Alcázar?
En 1470, en la ermita extramuros dedicada a Nuestra Señora de la Concepción, el Gobernador del Priorato de la Orden de San Juan lo profirió en nombre del pueblo para pedir protección frente a la plaga de langosta. Se renovó solemnemente en 1546 con el compromiso de hacerlo a perpetuidad.
¿Quién fundó el Monasterio de la Concepción y cuándo?
La Venerable Sor Francisca de la Cruz, religiosa alcazareña que profesaba en San Juan de la Penitencia (Toledo). Tomó posesión de la antigua ermita el 23 de mayo de 1564, junto a Sor María Ortega y Sor Luisa de la Ascensión, tras la licencia firmada por Jerónimo de Galoza tres días antes en Madrid.
¿Por qué dejó de haber Clarisas en Alcázar?
La desamortización de Mendizábal (1836) y la secularización del XIX vaciaron progresivamente los monasterios. En 1868 las tres últimas religiosas abandonaron el Monasterio de la Concepción y fueron acogidas en Malagón. La comunidad reapareció en 1885 en Villarrubia de los Ojos, en el Convento de Nuestra Señora de la Soledad.
¿Qué uso tienen hoy los antiguos monasterios alcazareños?
El edificio del Monasterio de la Concepción, que fue casa cuartel de la Guardia Civil, está reconvertido en hotel. El Monasterio de San José alberga el Museo FORMMA, dedicado a la cerámica manchega. Las Concepcionistas siguen activas en la calle de La Virgen, en el Monasterio de la Inmaculada y Santa Beatriz de Silva, inaugurado en 1973.
¿Qué relación tienen las Tortas de Alcázar con las Clarisas?
Las Clarisas elaboraban en el Monasterio de la Concepción unas tortas de bizcocho, posiblemente con receta procedente de algún convento italiano. Cuando el cenobio se vació, el personal seglar siguió haciéndolas fuera del monasterio y la receta dio origen a las actuales Tortas de Alcázar.
Este trabajo se ha elaborado a partir de los datos recogidos en diferentes escritos de don Manuel Rubio Herguido y de la documentación facilitada por las actuales congregaciones de las Hermanas Clarisas del Convento de Villarrubia de los Ojos y de las Hermanas Concepcionistas de Alcázar de San Juan.
Manuel Rubio Morano



